Marty Supreme: Un Frenesí de Ping-Pong obsesivo y un triunfo al frustrado sueño americano
¿Existe realmente el sueño americano? ¿La obsesión lleva a la gloria? ¿La realidad se detiene cuando persigues tus sueños? Entre algunos cuestionamientos y algunas reflexiones, la nueva película de Josh Safdie (primera en solitario) nos sumerge en la vida de un deportista de ping pong con grandes dotes para alcanzar la fama y la gloria, pero sus tormentos le persiguen.
Ahora operando en solitario tras años de colaboración con su hermano Benny, mantiene intacta esa firma que convirtió a «Uncut Gems» (Diamantes en Bruto) y «Good Time» en clásicos modernos del cine de ansiedad. Lo que define su filmografía anterior es la capacidad de convertir situaciones cotidianas en pesadillas cinéticas; en Marty Supreme, aplica esa misma urgencia al mundo del ping-pong profesional. Si en sus cintas previas el motor era la supervivencia criminal, aquí es la perfección técnica y la validación social. Safdie utiliza de nuevo personajes obsesivos y autodestructivos, pero esta vez los envuelve en una pátina de «glamour sucio» de los años 50, demostrando que su cine ha evolucionado de la urgencia callejera a una sofisticación visual mucho más ambiciosa.

Desde el primer momento de la pelota de celuloide contra la madera en los créditos iniciales, Josh Safdie nos sumerge en una Nueva York de mediados de siglo, donde el crimen organizado, las diferencias socioeconómicas y las ataduras de vivir en una ciudad como esa se sienten amargas. Inspirada libremente (libertades creativas) en la vida de Marty Reisman, la cinta transforma el tenis de mesa (un deporte a menudo relegado al sótano de las casas familiares) en una arena de gladiadores donde el ego, el estilo y la obsesión son las únicas leyes vigentes.
Timothée Chalamet ofrece una interpretación eléctrica, alejándose de la personficación melancólica a la que nos tiene acostumbrados para adoptar una energía nerviosa y casi maníaca. Marty es un «showman» de la raqueta de lija, un hombre que entiende que en el deporte, como en la vida, la imagen es tan importante como el marcador. La dirección de Safdie, ahora sin su hermano pero con el mismo pulso frenético de Uncut Gems, utiliza primeros planos asfixiantes y una edición rítmica que imita la velocidad de un peloteo profesional, logrando que el espectador termine tan agotado y eufórico como el protagonista.

Sin embargo, lo que eleva a Marty Supreme por encima de un simple «biopic» deportivo es su textura. La cinematografía captura una estética retro-vintage que se siente sucia, auténtica y viva. No es solo una película sobre ganar campeonatos; es un estudio sobre la obsesión estadounidense por la excelencia y el espectáculo.
Al final, nos queda el retrato de un hombre que no solo quería ser el mejor, sino que necesitaba que el mundo entero no pudiera apartar la vista de él mientras lo lograba.
🏆 9 nominaciones a los premios Oscar
🎬 Marty Supreme es uno de los estrenos más esperados de la temporada
Desde este jueves 05 de febrero en cartelera de cines chilenos.

