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La irrupción de Matapanki en el panorama del cine chileno reciente no solo confirma la fuerza de una nueva generación de realizadores, sino que también instala a Diego «Mapache» Fuentes como una voz autoral a seguir. En su ópera prima, el director construye una obra que desborda los márgenes tradicionales del cine nacional, tanto en forma como en fondo, apostando por una propuesta visceral, irreverente y profundamente política. Más que un debut correcto, Matapanki se siente como una declaración de principios: un gesto de rebeldía que encuentra en lo precario y lo caótico una estética coherente con su discurso.

Uno de los aspectos más llamativos del debut de Fuentes es su capacidad para articular una identidad cinematográfica clara desde el primer largometraje. Lejos del naturalismo predominante en buena parte del cine chileno contemporáneo, el director opta por un lenguaje excesivo, híbrido y provocador. Su cine habita los márgenes, tanto narrativos como sociales, centrándose en personajes desadaptados y en una sensibilidad que mezcla lo íntimo con lo grotesco.

En términos audiovisuales, la película destaca por su audaz combinación de técnicas y referencias. La utilización de animación, descrita como rotoscopía o stop motion según distintas fuentes y medios de comunicación, no es un mero recurso estético, sino un dispositivo expresivo que refuerza el carácter alucinatorio y punk del relato. Esta elección formal se articula con una puesta en escena que abraza lo disonante: influencias del cómic, el cine de serie B y la cultura pop se entremezclan en una propuesta visual que privilegia la energía por sobre la pulcritud, generando una experiencia tan caótica como coherente con su universo.

Filmación de Matapanki, largometraje de egreso 2023 UDD

Narrativamente, se construye a partir de una premisa tan absurda como reveladora: un joven punk que adquiere superpoderes a través del alcohol. Sin embargo, lo que podría parecer un simple ejercicio de humor negro deriva en una crítica social feroz. La película transita entre la comedia, el drama y la sátira política, utilizando el exceso y el delirio como herramientas para abordar problemáticas contemporáneas, desde la marginalidad hasta el avance de discursos autoritarios. La historia, lejos de ofrecer redención, se despliega como una espiral de consecuencias que tensiona constantemente la relación entre responsabilidad individual y violencia estructural.

El tono punk no se limita a lo estético, sino que permea la estructura misma del relato. La narrativa es fragmentaria, impredecible y, por momentos, deliberadamente sórdida, en sintonía con una lógica de resistencia frente a los códigos tradicionales del cine, percibida como un estilo único y provocador diferente a la estructura convencional del cine chileno habitual.

En cuanto a su recepción, la película ha tenido un recorrido notable en festivales, consolidándose como una de las revelaciones del cine chileno emergente. Su paso por el Festival Internacional de Cine de Valdivia le valió premios como Mejor Película Chilena y Mejor Largometraje Juvenil, evidenciando su impacto a nivel local. Este reconocimiento temprano no solo legitimó la propuesta de Fuentes, sino que también anticipó su proyección internacional.

FIC VALDIVIA 2025

El punto más alto de su circulación global llegó con su participación en el Festival Internacional de Cine de Berlín, donde obtuvo una mención especial del jurado en la sección Generation 14+. El jurado destacó la película como “vibrante y rebelde”, subrayando su energía punk, su dirección lúdica y su capacidad para desafiar límites. Este reconocimiento no solo posiciona a la película en el mapa internacional, sino que también confirma la resonancia de su propuesta más allá del contexto local.

Festival Internacional de cine de Berlín

En definitiva, Matapanki es una obra que, logra instalar una voz singular dentro del cine chileno contemporáneo. Su debut es honesto y arriesgado, cualidades que resultan cada vez más escasas en un panorama audiovisual tendiente a la homogeneización. Diego “Mapache” Fuentes irrumpe con una película que no teme ser incómoda, caótica y excesiva, y que precisamente en esa radicalidad encuentra su valor. Más que una promesa, se configura como el inicio de una filmografía que probablemente seguirá tensionando los límites del cine nacional.

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