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Finalmente llega a los cines del país «La Historia del Sonido», una cinta dirigida por Oliver Hermanus y protagonizada por Paul Mescal y Josh O’Connor. Una historia situada en Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial, en donde la música, el amor y la complicidad se ven reflejadas en cada minuto. 

Lionel (Paul Mescal) nace y crece alejado de la ciudad, la granja, sus padres y la música son su única compañía. A medida que el niño crecía, su entorno pudo ver su talento y apreciar el sonido de su voz, debido a esto fue enviado al Conservatorio para estudiar música. 

Una noche, mientras los estudiantes tomaban cervezas en el bar, Lionel escucha una de las canciones que su padre cantaba cuando él era solo un niño. Un atisbo de nostalgia y melancolía llenaron sus recuerdos. Inevitablemente, el músico se acerca al autor de esa voz y le pregunta por su nombre. 

David (Josh O’Connor) otro músico especializado en composición, se presentó ante Lionel, con una sonrisa dulce y una apertura increíble. Cómo en todos sus papeles, Josh O’Connor nunca deja de lado esa elegancia inglesa que tanto lo representa, como su postura y su manera de hablar.

Los dos jóvenes crean una amistad que se convierte en toda una aventura. Muchos cantos, conversaciones, pero sobre todo, un entendimiento mutuo. Una química y muchas miradas generan un romance, un amor que no podía ser, pero que sin embargo, ambos disfrutan a escondidas de él. 

Mientras la película se desarrolla, Lionel y David realizan un viaje para grabar canciones tradicionales por las tierras menos conocidas, un viaje en donde los une su pasión y evoluciona su relación. No obstante, y como toda aventura, esta debía llegar a su final, y la separación fue inevitable. A medida que la obra sigue avanzando, hay varias escenas que me parecieron innecesarias, prácticamente no aportan al desarrollo de la misma cinta, y creo que desde esa mirada el guión es un poco flojo. 

Ese amor no dicho, y el paso del tiempo hacen que los ojos de Lionel estén cada vez más apenados y desesperados por llenar el vacío que dejó David en su vida. El músico intenta conocer gente nueva, su profesión es su prioridad y su éxito musical es cada vez más deslumbrante. Aún así, Lionel siente la falta de algo, o mejor dicho, la falta de alguien. 

Esta película es igual a un libro al que le sobran capítulos, y en los que muchos no están conectados o dicho de otra forma, no son hilados unos con otros. Las dos horas y nueve minutos se hacen más largos y difíciles de digerir por esta falta de orden narrativo. Sin embargo, las actuaciones son emotivas, sencillas y reiteró en la increíble química de ambos protagonistas, sin dejar de mencionar, lo que para mí fue lo más destacado de esta obra, la música con múltiples canciones que transportaban a una época de guerra y poesía.