¿Y DÓNDE ESTÁ EL POLICÍA?: Sorprende y triunfa con su absurdo bien intencionado

El remake de ¿Y dónde está el policía? (“The Naked Gun”) llega a nuestras salas dispuesto a demostrar que, a veces, la receta para hacer reír es simplemente ser idiotamente divertido. Bajo la dirección de Akiva Schaffer, abrazando lo absurdo sin complejos, la película se inscribe en esa tradición de comedias que prefieren la risa fácil e inmediata por encima de un ingenio sofisticado o humor de varias capas. Y, en esa línea, en contra de los pronósticos, funciona a la perfección.

La última década fue un fracaso total para la existencia de las películas de parodias, especialmente con la actualización cultural de la moral cómica, y entonces el regreso de los spoofs cinematográficos parecía fuera de lugar. Pero Schaffer, con el sello personal que trae desde The Lonely Island, y la experiencia adquirida en Saturday Night Live, logró lo impensable: devolverle cierto ímpetu y alma al slapstick de gran presupuesto. Y he sido convencida de que nadie más podría haber sido el mejor heredero del teniente Frank Debrin de Leslie Nielsen, ahora en su versión Junior de la mano de Liam Neeson

Neeson protagoniza en un papel que claramente se burla de su propia carrera, marcada previamente por roles serios y héroes de acción para, en cambio, acá lanzarse de lleno a la comedia física y verbal manteniendo cierta base de seriedad que incluso aporta más a lo cómico. Su interpretación de Frank Debrin Jr es el enlace que convierte este remake en una secuela, que además busca ser más un homenaje que un reemplazo de Nielsen. Y es acompañado de un elenco que incluye a Pamela Anderson en medio de su renacimiento en el cine, quien ofrece una actuación impresionante como Beth Davenport, no necesariamente para ganar premios de prestigio pero sí sorprende con una versión atípica de la femme fatale, esta vez más caricatura pero aún con su carácter noir y a la medida. Su química con Liam Neeson es tan disparatada como funcional, y se permite momentos hilarantes posicionándose más al nivel de coestrella cómica que como una dama en peligro sin sustancia.

El guion, firmado por Schaffer, Dan Gregor y Doug Mand, encuentra el equilibrio entre la reverencia hacia el material de origen episódico, y la trayectoria propia de sus creativos en programas de televisión de sketches. La trama, una conspiración tecnológica, es sólo una excusa para orquestar una avalancha de chistes por minuto, que se presentan tanto como pequeños capítulos de comedia a medida que el héroe policial avanza por su camino hasta resolver el caso, como también se van construyendo bromas recurrentes que terminan por rematar el largometraje. Así, la película mantiene un ritmo frenético que casi resulta hipnótico y ata el producto final en una aventura que aunque sólo funciona dentro del mundo del absurdo, es coherente a su manera. Se trata de una declaración de intenciones: el humor más simple, cuando se hace con pasión y sin miedo a la estupidez, puede ser aún efectivo.  

La sátira a los clichés del género policial, los chistes visuales, los juegos de palabras que literalmente explotan en la pantalla y la constante ruptura de la cuarta pared convierten a ¿Y dónde está el policía? en una especie de montaña rusa de humor absurdo, donde ninguna broma es suficiente. Y aunque puede ser que no rías infinitamente, el conteo de gracias que provoquen algo positivo en ti dobla las veces que te lleves la impresión contraria.

Por otro lado, nos encontramos acá con el ocasional espacio para la sátira social ligera, con humor sobre la vigilancia, avances tecnológicos, masculinidad tóxica y racismo policial, que no pretende dar en el hueso, pero sabe cómo reírse de los problemas del mundo para situar su universo en el nuestro. Lo hace con inteligencia… camuflada de estupidez. 

Y lo mejor de todo, es que numerosas veces daba a entender que repetiría un chiste antiguo, alguna broma ya perfeccionada por Nielsen en el pasado, pero finalmente, sólo se trataba de la introducción a otro tipo de remate, sorprendiendo nuevamente con su lucidez.

¿Es perfecta? Por supuesto que no. Como decía, la cinta se adentra en territorios de comedia que pueden parecer demasiado tontos para algunos, y en su afán por darle la vuelta a la tuerca, a veces sacrifica la consistencia narrativa por un gag más. No obstante, para otro público eso será parte de su gracia, una propuesta que a través de una sensación nostálgica de la comedia, no busca ser una obra maestra sino una especie de desahogo que hacía falta traer de vuelta al panorama cinematográfico actual, porque si algo entiende “¿Y dónde está el policía?” es que la comedia más estúpida necesita una producción inteligente para brillar, y acá es su equipo creativo el que mantiene a flote toda su extravagancia, se nota, o parece, que está hecha con cariño.

El regreso del Escuadrón de Policía no busca reinventar ni el género, ni la franquicia, ni el cine, pero sí deja la vara alta en el campo tan colapsado y controvertido de los remakes, los reboots, las múltiples secuelas y, especialmente en el último tiempo, de las secuelas que llegan años y hasta décadas después de un contenido creativo. Y en parte de debe a que «¿Y dónde está el policía?» de 2025 es una fiesta de ridiculez con intenciones sinceras. Es una invitación a dejar atrás las pretensiones y simplemente reírse de todo, incluso de uno mismo, incluso en los créditos… no en serio, TIENEN QUE LEER LOS CRÉDITOS, además de las escenas post-créditos, la fiesta continúa hasta el último minuto.

Si buscas una película que te deje con una sonrisa sin exigir demasiado, esta es sin duda una opción que vale la pena, especialmente porque no es necesario haber visto la trilogía antigua o la serie de televisión original.

¿Y dónde está el policía? ya está en cines a lo largo del país, gracias a la distribución de Andes Films Chile desde el 14 de agosto de 2025.