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Three Friends es una comedia dramática francesa dirigida por Emmanuel Mouret que explora con sensibilidad y elegancia las complejidades del amor, la amistad y las decisiones afectivas en la vida adulta. La película tuvo su estreno mundial en la competencia oficial del prestigioso Venice International Film Festival, donde compitió por el León de Oro, consolidando a Mouret como una de las voces más interesantes del cine francés contemporáneo.

Tres amigas (2024) - Filmaffinity

¿De qué trata la historia?

La trama gira en torno a tres amigas, Joan, Alice y Rebecca, cuyas visiones sobre el amor y las relaciones sentimentales son profundamente distintas. Joan ha dejado de amar a su pareja, Victor, pero se siente culpable por ello; Alice sostiene una relación estable aunque carente de pasión; y Rebecca vive una aventura amorosa secreta. Cuando Joan decide poner fin a su relación y ocurre un acontecimiento inesperado, las vidas de las tres mujeres se ven alteradas, obligándolas a cuestionar sus convicciones sobre la sinceridad, el deseo, la fidelidad y la felicidad.

Una historia de romance, amistad y reflexión

Más que una historia romántica convencional, la película reflexiona sobre las contradicciones emocionales de la vida adulta y cómo las decisiones personales afectan a quienes nos rodean. La amistad femenina se convierte en el eje central de una narración donde el amor aparece como una experiencia cambiante y compleja.

India Hair aporta una notable fragilidad emocional a Joan; Sara Forestier dota a Rebecca de espontaneidad y energía; mientras que Camille Cottin construye un personaje más racional y contenido. La química entre las tres protagonistas sostiene gran parte del atractivo del filme y permite que los conflictos sentimentales resulten creíbles y cercanos.

Otros de los aspectos más atractivos de la película es su ambientación en la ciudad de Lyon. Lejos de utilizar la ciudad únicamente como fondo visual, Mouret integra sus calles, parques, escuelas y barrios a la narrativa, convirtiéndola en un espacio íntimo que acompaña los estados emocionales de los personajes. La atmósfera otoñal y la fotografía de Laurent Desmet refuerzan el tono melancólico y reflexivo de la historia.

A primera vista, parece una historia coral sobre tres mujeres y sus respectivas relaciones amorosas. No obstante, Mouret utiliza esa premisa para construir una reflexión mucho más profunda sobre la honestidad sentimental. La película evita los giros dramáticos exagerados y las resoluciones fáciles. En lugar de ello, apuesta por una estructura narrativa que avanza mediante conversaciones, silencios, encuentros casuales y pequeños acontecimientos que modifican gradualmente la vida de los personajes.

El relato se desarrolla con una cadencia pausada, casi literaria. Mouret no busca generar tensión mediante la acción, sino a través de las emociones contradictorias que experimentan sus protagonistas. Esto exige cierta paciencia del espectador, pero recompensa con una observación psicológica notablemente precisa. Uno de los aspectos más interesantes es la manera en que el director introduce elementos inesperados que alteran la percepción de la historia sin romper su tono íntimo. La película transita constantemente entre la comedia y el drama, entre la ligereza de las conversaciones cotidianas y una sensación subyacente de pérdida y fragilidad.

El guion, escrito por el propio Mouret junto a Carmen Leroi, destaca por su capacidad para abordar sentimientos complejos sin caer en simplificaciones morales. Ninguno de los personajes es completamente inocente ni completamente culpable. Todos toman decisiones cuestionables, se equivocan, ocultan verdades o intentan justificar sus deseos. Esta ambigüedad constituye una de las mayores virtudes de la película, ya que refleja la complejidad real de las relaciones humanas.

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Los diálogos poseen una naturalidad engañosa. Bajo conversaciones aparentemente sencillas se esconden preguntas profundas sobre la fidelidad, el deseo, la responsabilidad afectiva y la búsqueda de la felicidad. En muchos momentos, el guion recuerda a la tradición del cine de Éric Rohmer, donde las palabras son tan importantes como las acciones. Sin embargo, la película evita convertirse en una obra excesivamente intelectual. Los personajes hablan mucho, pero también sienten mucho. La emoción nunca queda subordinada a la reflexión teórica.

La fotografía: Lyon como espejo emocional

La cinematografía, a cargo de Laurent Desmet, es uno de los grandes logros de la película. La ciudad de Lyon no aparece como una postal turística, sino como un espacio vivido. Calles residenciales, plazas, parques, cafés y establecimientos educativos conforman un escenario cotidiano que refuerza la autenticidad del relato.

La fotografía utiliza una iluminación naturalista, con predominio de tonos suaves y una paleta cromática que oscila entre colores cálidos y matices otoñales. Esta elección visual contribuye a la atmósfera melancólica que atraviesa toda la película. Las composiciones son elegantes pero discretas. Mouret y Desmet rehúyen los movimientos de cámara espectaculares y privilegian planos medios y generales que permiten observar simultáneamente a los personajes y su entorno. El resultado es una sensación de intimidad que nunca se vuelve invasiva. Particularmente notable es la forma en que los espacios urbanos reflejan el estado emocional de los protagonistas. Los recorridos por las calles de Lyon transmiten tanto cercanía como soledad, convirtiendo a la ciudad en un personaje silencioso de la historia.

El director: Emmanuel Mouret

Emmanuel Mouret es uno de los cineastas franceses más reconocidos de las últimas décadas por sus películas centradas en las relaciones humanas y los dilemas sentimentales. Formado en La Fémis, una de las escuelas de cine más prestigiosas de Francia, ha desarrollado una filmografía caracterizada por diálogos inteligentes, humor sutil y una profunda observación de los comportamientos amorosos. Entre sus obras más destacadas figuran Love Affair(s) y Diary of a Fleeting Affair.

En Tres amigas, Mouret mantiene su interés por las relaciones sentimentales, pero incorpora una dimensión más melancólica y existencial que en trabajos anteriores, equilibrando con habilidad la comedia y el drama. La película fue seleccionada para competir en la sección oficial del Venice International Film Festival y posteriormente formó parte de la programación del International Film Festival Rotterdam, confirmando su relevancia dentro del circuito internacional de festivales.

Es una obra madura, delicada y profundamente humana. Emmanuel Mouret demuestra nuevamente su talento para observar las contradicciones de los sentimientos amorosos, apoyado por tres actuaciones sobresalientes y una puesta en escena sobria pero refinada. El resultado es una película que combina humor, melancolía y reflexión, convirtiéndose en una de las producciones francesas más destacadas de 2024.

Crítica | Tres amigas

Tres amigas (2024) disponible en Cine Arte de Viña del Mar. Venta de entradas en Passline y en boleterías del mismo cine.